Antioxidantes y su importancia en diabetes

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Una parte sustancial de los alimentos que ingerimos contiene glucosa. La glucosa puede encontrarse en los alimentos, ya sea como tal, o bien, bajo la forma de carbohidratos más complejos (ej. almidones). Estos últimos, tras ser digeridos sirven como una fuente generadora de glucosa en el organismo.
Tras su absorción desde el tracto gastrointestinal, la glucosa es transportada desde la sangre a diversos tejidos donde sirve como principal combustible celular (fuente de energía). En el caso de los músculos (del tejido graso y de otros tipos celulares), dicho transporte requiere de insulina, una hormona que es regularmente secretada por el páncreas en respuesta a un aumento de glucosa en la sangre. La diabetes es una enfermedad crónica caracterizada por una relativa incapacidad para incorporar glucosa desde la sangre a los tejidos anteriormente referidos. La condición diabética puede ser el resultado de una disminuida capacidad del páncreas para secretar insulina (característica de los diabéticos tipo I), o bien, de una reducida eficiencia de la insulina secretada para facilitar el ingreso de glucosa a tejidos como los mencionados (diabéticos tipo II). Como resultado de lo anterior, la ingesta de carbohidratos produce en individuos diabéticos un aumento por sobre lo normal en el nivel de glucosa en la sangre (hiperglicemia). La condición crónica de hiperglicemia esta asociada a un daño directo y progresivo en el tiempo, de órganos y/o tejidos de los sistemas cardiovascular (ej. ateroesclerosis coronaria), renal (disfunción), y nervioso (ej. retinopatía y neuropatía periférica). Si bien la diabetes es una enfermedad multifactorial, diversas evidencias científicas indican que tanto su génesis, como la progresión de sus complicaciones, estarían asociadas a fenómenos de estrés oxidativo. Esto último implica que en el organismo de los diabéticos, la enfermedad se encontraría asociada a una aumentada velocidad de generación de radicales libres y de otras especies oxidantes, respecto a la velocidad con que dichas especies son removidas desde el mismo. Aunque el significado de la asociación entre diabetes y estrés oxidativo es aún controversial, ésta se basa en observaciones que indican que individuos diabéticos exhiben, por una parte, una disminuida capacidad de defensa antioxidante (expresada como reducidos niveles de antioxidantes fisiológicos en el plasma, ejemplo: glutatión, las vitaminas C y E, y la enzima superóxido-dismutasa), y por la otra, un aumentado nivel de aquellos parámetros que mejor dan cuenta de daño oxidativo a lípidos (TBARS, isoprostanos), proteínas (carbonilos) y ácidos nucleicos (8-deoxi-guanosina). Se considera que el daño oxidativo que afecta a tales componentes, de ser sostenido, subyace a la des-regulación de la secreción de la insulina y/o a su acción disminuida sobre el transporte y metabolismo de la glucosa. En el marco de tal escenario, diversos estudios han explorado la utilidad que podría tener un mayor consumo de antioxidantes (como una forma de lidiar con el estrés oxidativo) sobre el desarrollo de la diabetes y de sus complicaciones. A la fecha, la mayor parte de los estudios experimentales, esto es, estudios conducidos en modelos animales de diabetes, indican que mientras el estrés oxidativo acelera o agrava la condición diabética, la administración de ciertos antioxidantes resulta efectiva en prevenir –a lo menos parcialmente- el desarrollo de la enfermedad, y/o en revertir algunos de los parámetros de estrés oxidativo típicamente observados en los animales en los cuales la diabetes ha sido inducida. En seres humanos, en cambio, el verdadero beneficio asociado a la administración de suplementos con antioxidantes requiere aún de más investigaciones. Si bien en la actualidad diversos estudios epidemiológicos apoyan la hipótesis de que el riesgo relativo de desarrollo de diabetes (tipo II) correlaciona en forma inversa con la ingesta de alimentos ricos en antioxidantes (particularmente de ciertas frutas y verduras), dicha evidencia no es suficiente para extrapolar el “beneficio postulado” al consumo directo de antioxidantes bajo la forma de suplementos o de productos farmacéuticos (es decir, en dosis no-nutricionales). En efecto, estudios clínicos controlados, en los cuales diabéticos con una dieta balanceada han recibido suplementos con antioxidantes (empleando dosis desde moderadas a altas), no dan cuenta aún de un beneficio significativo que justifique el uso de dichos preparados en pacientes con tal condición. Por lo tanto, mientras no estén disponibles las evidencias científicas requeridas, será preciso postergar la recomendación de aumentar el consumo de suplementos con (altas dosis de) antioxidantes en diabéticos, limitando la recomendación solo a un mayor consumo de aquellos alimentos que en la actualidad se sabe reducen el riesgo relativo de desarrollo de dicha enfermedad. No obstante lo anterior, en aquellos diabéticos que por razones diversas no pueden acceder y/o consumir a un adecuado consumo de frutas y verduras (ej. aquellas con un alto contenido de carbohidratos), resultará conveniente suplementar sus dietas con el uso de preparados farmacéuticos cuya composición comprenda vitaminas antioxidantes (como ácido ascórbico, alfa-tocoferol, y betacaroteno o provitamina A) en dosis relevantes a los requerimientos diarios oficialmente establecidos ( http://www.nutrinfo.com/pagina/gyt/dris.html).

Hernán Speisky; (antioxidantes@inta.uchile.cl)
PhD; Profesor Titular
INTA, Universidad de Chile

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